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El lado rosa de la soledad

A mi querida Kathia
Si por casualidad alguna vez pensaste en un cubito de hielo cálido,
entonces también podrás imaginar a una persona como ella.....
Parece que tiene una sonrisa en los dedos de las manos y una cara seria debajo de su boca.
Los rizos bien definidos a su manera dejan fluir las ideas como unos chorros de luz que deberían
depositarse en un pensadero para que ella pueda vivirlos cada que quiera o cuando sienta que es ya
necesario mirar hacia atrás, al mundo de las memorias; pero dudo que lo llegue a hacer, parece que
no le haría falta porque tiene expresión de querer saber que vine en el próximo minuto.
En uno de mis poco acumulables días grises la conocí, como escasa vez, yo andaba de huraña,
renegando de los días que no dejaban más que células muertas en mi piel, y ella tenía ganas
de platicar sobre lo que sea… pero mi apatía no es tan estable y la necesidad fue insistente,
entonces solí ser yo misma, a penas unas cuantas preguntas y empiezo a narrar una historia.
Cuando ya eran muchas canciones en común entonces mostrar el corazón era ya necesario
(¿será que es una necesidad básica del ser humano?), y al entenderlo tan bien caí en la cuenta
que es bueno y satisfactorio.
Varias veces llegué a pensar que estaba demasiado sola y que no podía hacer algo para evitarlo,
también pensaba que tal vez eso no sea tan malo, todo es depende de cómo lo manejes, lo malo es
que nunca fui buena en eso.
Por cuestiones muy duras aprendí que nunca se puede huir de la soledad y entonces hay que saber
vivir con ella como si fuera una buena amiga a la que me agrada visitar de vez en cuando…
Logré ver su entorno y descubrí que tenía muchos matices, y aunque no me agrada mucho el rosa,
supe que tenía que percibir los colores que posee tal nivel de vida; elegí el rosa porque representa
un efímero grado de ternura y dulzura que te arranca un tibio ensueño.
Cada que veo pasar a Kath, se carga encima cierto aire de felicidad que no cualquiera posee de manera
tan sencilla en esta vida, entonces comprendí que ella está a gusto con todo lo que se le acumula en
las manos, independientemente si está sola o no.
En realidad ella descubrió primero que yo el lado rosa de la soledad, sólo que me ayudó a vivirlo
inconscientemente y le agradezco por eso porque se que fue un favor sin ser pedido.
No me debe nada, al contrario, decidí caminar con ella y formar un listón el cual no sea tan fácil desintegrar.
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